Breve historia de los robots

Los seres mecánicos con apariencia de estar vivos, incluso con conciencia, volición e intencionalidad, aparecen en concepto muy tempranamente en la historia del hombre.

En la recopilación de cuentos populares árabes “Las mil y una noches” se encuentran algunos ejemplos. Más adelante, en la Edad Media, se incluyen en los grandes relojes de las iglesias autómatas mecánicos semejantes a personas que ejecutan rutinas para impresionar.

En el siglo XVI había gran cantidad de pequeños “automatones”, que eran figuras con mecanismos de relojería que hacían diversos movimientos, como rezar, tocar música, caminar o danzar, etc. Los relojeros del siglo XVIII, hábiles e ingeniosos con la composición de mecanismos de engranajes, crearon algunas famosas criaturas mecánicas.

Ya en el siglo XX, el escritor checo Karel Capek (1890-1938) le dio nombre al hombre mecánico en su obra teatral R.U.R. (Robots Universales Rossum), que se estrenó en Europa en 1920, utilizando la palabra “robot”, que es de origen checo y significa siervo o esclavo. En la primer página de la obra aparece, como para que quede bien claro el concepto, el texto de unos carteles de publicidad:

“MANO DE OBRA BARATA. ROBOTS ROSSUM. ROBOTS PARA EL TRÓPICO. 150 DÓLARES CADA. TODOS DEBIERAN COMPRAR SU PROPIO ROBOT. ¿QUIERE USTED ABARATAR SU PRODUCCIÓN? ENCARGUE ROBOTS ROSSUM”.

No está claro a qué se le debe llamar robot. De ser por el origen de la palabra, debería ser a una máquina con la forma (o por lo menos con alguna de las capacidades) de una persona.

Si es a una máquina automatizada, existen desde hace muchísimo tiempo. Una heladera (refrigerador) hogareña sería un robot, porque se autoregula. Y hay más: Algunos de los primeros mecanismos de realimentación para corregir errores, con algunos cambios de técnica pero no de concepto, se siguen empleado actualmente, como los que se ocupan de regular los niveles de agua.

En antiguos bebederos se empleaba un flotador para determinar el nivel del agua. Cuando el agua caía por debajo de un nivel determinado, al bajar el flotador se abría una válvula que dejaba entrar más agua.

Al subir el nivel del agua, el flotador subía y al llegar a cierta altura cerraba la válvula. Suena conocido… y lo es: así funcionan los depósitos de descarga de agua de nuestros sanitarios.

Se dice que el primer auténtico controlador realimentado fue el regulador de vapor del ingeniero británico James Watt. Es un sistema que constaba de dos bolas metálicas unidas al eje de rotación de una máquina de vapor y conectadas con una válvula que controlaba el flujo de vapor.

A medida que aumentaba la velocidad de la máquina las bolas se alejaban del eje debido a la fuerza centrífuga, con lo que cerraban la válvula. Esto hacía que disminuyera el flujo de vapor a la máquina y por tanto la velocidad.

La Revolución Industrial y la creación del sistema de cadenas de montaje, que divide la fabricación de cualquier elemento en pequeñas tareas, fue el primer gran paso hacia el logro de la robotización total en unas cuantas industrias. Las pequeñas tareas consistían en colocar una pieza en posición, o dar unas vueltas de tuerca, y fueron realizadas primero por humanos y luego por máquinas mecánicas con mayor o menor capacidad de reajuste de errores.

El brazo y la mano humanas siguieron siendo necesarias (afortunadamente) por mucho tiempo, y fueron la base real de la “automatización” de las fábricas en el siglo XVIII. Se desarrollaron máquinas especializadas en tareas como poner tapones a las botellas o verter líquidos en moldes o envases, pero las piezas sólidas requerían ser insertadas en una posición determinada, y sólo en algunos casos se podía lograr por medio de canaletas o sistemas de embudos.

El desarrollo del brazo artificial multiarticulado o manipulador llevó a la realidad el robot fabril actual. En 1954 el estadounidense George Devol inventó un brazo primitivo que se podía programar para realizar algunas tareas.

En 1975, el ingeniero mecánico estadounidense Victor Scheinman, cuando estudiaba la carrera en la Universidad de Stanford, en California, desarrolló un manipulador polivalente realmente flexible conocido como Brazo Manipulador Universal Programable (PUMA, en inglés).

El PUMA era capaz de mover un objeto y colocarlo en cualquier orientación en un lugar deseado que estuviera a su alcance. El concepto básico de multiarticulación del PUMA es la base de la mayoría de los robots actuales.

En la última década los proyectos de robots humanoides, o “androides”, han crecido en número e importancia, han alcanzado resultados impresionantes, en especial en Japón. No deje de visitar la sección de Androides de este Zapping, que es, en realidad, el cuerpo principal de este trabajo.

Quedará, sin duda, alucinado por lo que se está construyendo y desarrollando.